Guía del etiquetado de los alimentos. Descubramos qué esconden.

La etiqueta de un alimento es una indicación muy importante ya que, gracias a una atenta lectura de la etiqueta nutricional, es posible obtener toda la información que concierne al alimento en cuestión. El problema es, sin embargo, saber leerla.

Con nuestra guía aprenderemos a comprender cuáles son las indicaciones incluidas en las etiquetas de los envases de los productos y cómo poder aprovecharlas para ser un verdadero consumidor consciente. La etiqueta, no olvidemos, es un elemento fundamental sobre todo para quienes tienen alergias o intolerancias alimentarias (como por ejemplo la intolerancia a la lactosa - AQUÍ el enlace de profundización - o la celiaquía - AQUÍ el enlace), de modo que seamos capaces de evitar alérgenos y «moléculas incriminadas».

En el supermercado, la simple elección de alimentos y bebidas representa el primer paso para una compra inteligente y el primer cuidado que podemos prestar en relación con nuestra nutrición y, por tanto, con nuestra salud.

La importancia de comprender y conocer los valores nutricionales de lo que compramos es, por tanto, de fundamental importancia.

Si bien es cierto que la etiqueta contiene información importante para el consumidor, ya hemos dicho que a veces no es lo suficientemente clara. Por este motivo, el Reglamento (UE) 1169/2011 relativo a la información que se facilita a los consumidores sobre los alimentos se encargó de simplificar todas las normas anteriores en materia de etiquetado. Este reglamento actualiza y simplifica las normas anteriores sobre el etiquetado de alimentos. Además, el Reglamento (CE) 1924/2006 relativo a la información nutricional y sanitaria facilitada en los productos alimentarios se ocupó de los claims, es decir, de aquellas indicaciones sanitarias que figuran en los productos alimentarios.

Esto nos hace comprender que el aspecto de las etiquetas es muy importante y cómo dichos reglamentos se han ocupado precisamente de la protección del consumidor. Pero nos corresponde a todos ser realmente conscientes.

¿Qué es la etiqueta?

Según la definición del Art. 1 del Reg. 1169/2011, la etiqueta es «cualquier marca comercial o de fábrica, signo, imagen u otra representación gráfica escrita, impresa, estampada, marcada, grabada en relieve o en relieve por impresión en el envase o recipiente de un alimento o que acompañe a dicho envase o recipiente».

En palabras sencillas, es la descripción de nuestro producto alimenticio, su documento de identidad.

¿Qué dicen los reglamentos?

Hemos citado dos reglamentos importantes en materia de etiquetado, veamoslos en detalle.

El Reglamento (UE) 1169/2011 fue aprobado con el fin de garantizar un nivel óptimo de protección del consumidor, asegurándoles el derecho a la información. Por este motivo, el consumidor debe estar adecuadamente informado sobre los alimentos que compra y consume. Por ello, también es oportuno que el propio consumidor no sea inducido a error, previniendo acciones engañosas y omisiones de información.

El Reglamento (CE) 1924/2006 establece las normas para el uso de las indicaciones nutricionales y sanitarias (que ya hemos definido anteriormente como claims) que pueden presentarse en las etiquetas de los alimentos y/o en la publicidad. Con este fin, el reglamento prevé que el claim solo pueda asociarse al alimento si:

  • Es veraz y se basa en datos científicos
  • No atribuye al alimento propiedades que prevengan, traten y/o curen enfermedades

¿Qué información podemos leer en la etiqueta?

La etiqueta de un producto es su documento de identidad. Es decir, todo lo que concierne al alimento, desde su lugar de producción hasta su tabla nutricional. Veamos en detalle toda la información que figura.

Lista de ingredientes: una lista de todas las sustancias utilizadas para la preparación del alimento. Su disposición no es casual, sino que están organizados según un orden cuantitativo decreciente. Esto significa que el primer ingrediente será el que esté presente en mayor cantidad; por el contrario, el último será el que esté presente en menor cantidad. Esta es una información importante ya que nos permite comprender, de este modo, cuál es el ingrediente principal y, por tanto, si cumple nuestras expectativas sobre el producto en sí.

Además, por ley, en la lista de ingredientes deben destacarse todos los alérgenos presentes, que figurarán en negrita. De este modo, será posible identificar rápidamente su presencia.

Declaración nutricional: indica la presencia de los macronutrientes (hidratos de carbono, lípidos y proteínas) y su porcentaje en el producto. Además, en el caso de los hidratos de carbono, se indica la presencia de azúcares simples, mientras que en el caso de los lípidos, se indica la presencia de grasas totales y grasas saturadas (aquellas que deberían incorporarse a nuestra alimentación con moderación). Asimismo, se indicará la presencia de sal y calorías.

Fecha de caducidad: es la fecha hasta la cual debe consumirse el producto. Es diferente, sin embargo, del término mínimo de conservación, es decir, la fecha hasta la cual la calidad del producto permanece inalterada, pero que no causa daños a la salud si se consume después.

País de origen: importante para comprender en qué área geográfica se originan el producto o la materia prima.

Pero entre los ingredientes, ¿qué podemos encontrar?

Además de lo ya citado, también podríamos encontrar otras sustancias que normalmente no conocemos.

Empezamos con los aromas, que si se indican como tales serán artificiales; en caso contrario, se indicarán como «aromas naturales».

Los aditivos son otro elemento que a menudo podemos encontrar. Son sustancias, obviamente autorizadas por ley, que se añaden a nuestro producto. Entre los aditivos se incluyen: colorantes, conservantes y emulsionantes.

Los colorantes se utilizan para modificar el color, precisamente, del alimento.

Los conservantes, en cambio, se utilizan para mejorar su conservación, ralentizando su deterioro.

Los emulsionantes son tensioactivos que resultan útiles para mezclar los ingredientes entre sí, garantizando la estabilidad física del producto final.

Tabla de alérgenos

Como hemos anticipado, los alérgenos se destacan en la lista de ingredientes, con una letra diferente al resto de la etiqueta. Incluso los productos a granel, por ley, deben indicarlos.

Se indican como alérgenos también sustancias que pueden causar intolerancias alimentarias, por lo que encontraremos: gluten, lactosa, leche, crustáceos, moluscos, huevos, frutos secos, soja, apio y mostaza.

Para los intolerantes a la lactosa (AQUÍ el enlace a nuestra guía sobre la intolerancia a la lactosa) es conveniente prestar especial atención a algunas denominaciones concretas.

De hecho, la lactosa estará presente donde figure: lactosa, suero de leche, mantequilla anidra, leche en polvo, etc..

Para los intolerantes a la lactosa, atención a la denominación azúcares de la leche, pero no nos preocupemos por la de «proteínas de la leche», ya que la lactosa es, de hecho, un azúcar y no una proteína.

En cuanto a los productos sin lactosa, además podremos encontrar también aquellos «naturalmente sin lactosa», alimentos que, gracias a un proceso de producción, experimentan naturalmente una pérdida en su contenido de lactosa.

Para aclarar este asunto, la Asociación Italiana de Intolerantes a la Lactosa (AILI), una organización sin ánimo de lucro, ha creado la marca denominada Lfree para certificar la ausencia de lactosa en un producto alimenticio y facilitar así su identificación por parte del consumidor, un poco como ocurre con la «espiga barrada» en los productos sin gluten. La marca Lfree se presenta en tres variantes: en azul «lactose free» indica una ausencia de lactosa inferior al 0,01 % (generalmente para los productos «deslactosados»); en verde «lactose&milk free», la ausencia de lactosa, leche y derivados; y, por último, «naturally lactose free» está dedicada a los productos lácteos que, por su proceso de producción natural, tienen un contenido residual de lactosa inferior al 0,01 %.

Un producto deslactosado indicará en la etiqueta el porcentaje de lactosa presente, que podrá ser:

< 1 %

< 0,1 %

< 0,01 %

Obviamente, en función de la tolerancia individual, se podrá optar por el que tenga el contenido más bajo de lactosa o por los demás. Remitimos AQUÍ a uno de nuestros artículos sobre la dieta de las personas intolerantes a la lactosa.

Para todos los alimentos como: carne, patatas, arroz, pasta, huevos, pavo, pechuga de pollo, atún y muchos otros, el riesgo de ingerir lactosa es inexistente, salvo que el fabricante realice procesos especiales y no habituales. Leamos siempre atentamente las indicaciones que hemos aprendido a reconocer en el envase.

Cuidado con las etiquetas engañosas

Acompañadas de eslóganes e imágenes impactantes, una etiqueta no solo debe ser clara para el consumidor, como ya hemos recalcado, sino que debe ser, sobre todo, veraz.

¿Un ejemplo? Un zumo rico en fruta que quizá tiene un contenido relativamente bajo, o incluso un alimento 100 % integral que, en cambio, se ha producido también con harinas refinadas.

No nos queda más que aprender a defendernos, aprendiendo a leer las etiquetas.

Bibliografía

  • www.salute.gov.it
  • Reglamento (CE) 1924/2006
  • Reglamento (UE) 1169/2011